Etapa prehistórica

La historia de San Vicente del Valle está muy ligada a la de toda la sierra de la demanda. La paleontología nos informa de la importante huella dejada por los dinosaurios y otras especies en zonas sedimentarias de la sierra como los montes de Carazo, Cervera, Picón de Lara y la Sierra de Mamblas. En todo caso el hito más importante de esta tierra, de compleja y quebrada orografía, es la evolución que científicamente hacemos arrancar en la sierra de Atapuerca, con el “homo antecesor”, y el largo proceso de la evolución humana hasta llegar al “homo sapiens sapiens” en el paleolítico superior. Los restos prehistóricos no sólo de la sierra de Atapuerca sino repartidos por todo el territorio nos informan de que los asentamientos humanos tienen una larga secuencia desde el paleolítico medio hasta nuestros días.

Ya en el paleolítico superior encontramos algunos restos, de le etapa aurinaciense, en el abrigo de La Aceña de Lara, en el entorno de Atapuerca y en otras zonas. La etapa de mayor trascendencia por las transformaciones a que dio lugar fue el Neolítico del que conservamos diferentes manifestaciones que evidencian la tendencia a la sedentarización, al cultivo de algunos cereales y tal vez a la construcción y fabricación de cerámica.

De este período prehistórico, en su etapa más antigua, conservamos diferentes testigos en Jaramillo de la Fuente, Barbadillo del Mercado, La Aceña, Pinilla de los Moros, Iglesiapinta y Tinieblas que son sobre todos lascas y hachas. Las muestras de una clara sedentarización las documentamos en Cubillejo, Jaramillo Quemado y Barbadillo del Mercado.

Destacan ante todo el dolmen de Cubillejo, los de Atapuerca, Ibeas de Juarros y otros lugares. La edad de los metales, bronce o hierro, la documentamos en la ermita de Hortigüela, La Aceña, ambas de la primera etapa. Ya a la segunda corresponden los restos de la peña de Lara, los torques de Jaramillo Quemado y diferentes restos de castros distribuidos por toda la zona del valle alto y medio del Arlanza. Pero restos de esta lejana etapa los encontramos en numerosos yacimientos de la zona. Sin olvidar la cultura de los castros que se reparte por todas la geografía de la Demanda, aunque tengan mayor presencia en la zona meridional.

La época romana

La llegada, asentamiento y difusión de la civilización romana tiene su expresión de mayor interés en la “civitas Lara” y numerosas villas alto y bajo imperiales que se reparten tanto en la zona de sur, valle del Arlanza y Pedroso, como en la norte en el entorno de Atapuerca, Arlanzón, Villafranca Montes de Oca y otros lugares como el valle de San Vicente que ahora nos ocupa. De esa etapa da fe los numerosos puentes romanos, algunos restos de calzada, algún miliario y la reconstrucción de algunas de esas vías que comunicaban las diferentes áreas con la ciudad de Clunia o daban acceso a las grandes vías de comunicación de la época.

No se puede conocer el grado de romanización habido en esta tierra pero parece que fue bastante alto sin que ello signifique la desaparición de algunas de sus señas de identidad precedentes. En la Edad Media centros tan notables como Santa María de Lara nos indican que la transición hacia el mundo medieval en esta tierra se hizo desde planteamientos de la baja romanidad. La cesura en la evolución histórica impuesta por la desintegración del reino visigodo y la consiguiente desarticulación del territorio, hace que haya una vuelta a tiempos nunca olvidados del todo en lo que se refiere a la organización social, económica y tal vez también política. Que esta tierra mantuvo su actividad, organización y formas de vida lo prueban los numerosos poblados altomedievales y las numerosas necrópolis existentes en toda la zona, teniendo especial significación algunas de la zona más escabrosa de la sierra.

La alta edad media

La Alta Edad Media nos brinda un número bastante elevado de restos de núcleos de población, numerosos despoblados e importantes restos materiales como Santa María de Lara, San Millán de Lara, Rupelo, Piedrahita, San Vicente del Valle, San Miguel de Pedroso, Lara de los Infantes, San Pelayo de Arlanza, La Revilla, Barbadillo del Mercado, Vizcaínos, Barbadillo del Pez, Covarrubias y un elevado número de poblados repartidos por todo el territorio. Nuestra población, como muchas otras de la zona, en la Alta Edad Media, se mueven a caballo entre la influencia del poderoso reino de Pamplona primero, más tarde Navarra, la fuerte presión que sobre la zona ejercen los poderosos señores musulmanes de Zaragoza y Tudela, más o menos próximos según convenga a los emires o califas cordobeses o aliados con los monarcas navarros y la presencia del reino asturiano con los primeros condes castellanos como vasallos suyos. Por ello no es de extrañar que, una vez controlada la zona por los cristianos, sobre todo los castellanos, la documentación tenga referencia, con mucha frecuencia al monasterio de San Millán.

La villa de San Vicente del Valle, ubicada dentro del alfoz de Pedroso, aparece documentada ya en el año 945 en el monasterio de San Millán de la Cogolla como "viam que vadit ad Vicentium", expresión clara del entorno geográfico en que se enclava la población principal. Así pues, se nos presenta desde el principio vinculada al importante monasterio riojano, tan presente e influyente en la zona.

La documentación medieval nos informa de varios poblados existentes en el entorno de la villa como San Lorenzo o Espinosilla (citado en el año 945 como "S. Laurenti in monte Mussoa iuxta villulam Spinosam”, San Miguel y Santa María del Valle (que figura recogido en la documentación de San Millán el año 1046 como "unum monasterium, reliquiis Sancte Marie consecrate…in valle S. Vicenti"). Ese año don Gómez, obispo de Nájera, recibe la iglesia de Santa María del Valle de San Vicente, seguramente el templo parroquial actual. No deberemos olvidar la importancia del asentamiento de San Vicente del Valle, existente ya desde la etapa visigoda, como uno de los lugares de mayor valor jerárquico y jurisdiccional del valle en el que se incluye nuestra villa.

Los restos materiales, construidos, necrópolis y de otra naturaleza, abogan por esa realidad. Creemos que la incursión del monasterio de San Millán en esta zona a partir del siglo X, salvados los graves problemas que presenta la documentación de este cenobio, se hace a través del centro de poder y jurisdicción que fuera San Vicente del Valle, que acabará finalmente vinculado al obispado de Oca primero y más tarde al de Burgos. Santa María de San Vicente del Valle aparece citada con mucha frecuencia en la documentación del monasterio de San Millán de la Cogolla, en no pocos casos con serias dudas.

El año 1036, San Vicente del Valle, aparece citado en la documentación de San Salvador de Oña por unas propiedades que allí recibe el cenobio oniense. En todo Caso el año 1081, Santa María aparece encabezando la lista de una serie de poblaciones de la zona, con la expresión “agrum nostrum qui iacet retro Sancte Marie ecclesii Sancte Marie… iuxtum ortum quod est ante ecclesia Sancte Marie…” Ya en 1128, en el momento que Alfonso VII concede los fueros a Cerezo, entre las numerosas poblaciones a las que se hacen extensivos dichos derechos y obligaciones está San Vicente del Valle, junto a la mayor parte de las poblaciones del entorno. Es posible que el valle se tratara como una unidad jurídica que desde tiempos de Gonzalo Téllez, fundador de San Pedro de Arlanza –año 912-, tal vez estuvo vinculado a su jurisdicción. El año 1191, en la documentación del monasterio de las Huelgas de Burgos, cuando se hace referencia a esta zona, se refiere al valle de San Vicente como una unidad jurídica, algo que se irá consolidando con el paso del tiempo y que veremos perfectamente reflejado en la modernidad.

Plena Edad Media

La Plena Edad Media la reconstruimos a través de la documentación de los grandes señoríos eclesiásticos - Las Huelgas, obispado Burgos, cabildo catedralicio, burgalés San Millán de la Cogolla…- que ven aumentar considerablemente su influencia y presencia en la mayor parte de los territorios de la zona. Paralelamente, ya a finales del siglo XII se empiezan a consolidar algunas instituciones municipales, casi siempre bajo la denominación de villas, que bien sean de realengo -las menos- o de solariegas (de abadengo o laicas) que acabarán jugando un destacado papel. Todo apunta que nuestra población, como muchas otras de la zona, en las que tuvo una importante presencia el monasterio de San Millán, acabaron siendo lugares de behetría o de señorío y que en 1352 tuvieran como señor principal a Pedro Fernández de Velasco, o algún miembro de la larga dinastía de los Lope de Haro.

Ello explica que en la modernidad sean los Condestables, la familia Velasco, emparentada ya con los duques de Haro, quienes sean señores de San Vicente. La modernidad nos aportará un caudal informativo muy superior y por tanto la reconstrucción del pasado tendrá muchos más elementos y se ajustará con mayor fidelidad a lo que entendemos fue esta tierra. En el censo de 1591-1594, la población “San Vicente” aparece integrada, dentro de “Las Tierras del Condestable” se incardinaba dentro de Belorado en la zona conocida como “Balle de San Vicente” figurando como “San Vicente y Santolalla”.

Edad Moderna

Durante este periodo de tiempo San Vicente del Valle pertenecerá al “partido de Santo Domingo” como villa de realengo.

Ya a finales del siglo XVIII, sin que haya aún desaparecido la estructura del Antigüo Régimen, la organización provincial empieza a tener algún parecido a la que se imponiéndose a lo largo del siglo XIX.

Edad Contemporanea

Entre las reformas que proyectaron las Cortes de Cádiz estaba una nueva división provincial de España que no se hizo realidad hasta 1833. Ese trabajo se completa con la nueva organización municipal que se establece definitivamente el año 1843.

San Vicente del Valle adquirirá ahora la independencia jurídica y empezará funcionar como ayuntamiento constitucional. Sabemos que en ese momento el lugar contaba con 70 habitantes. En esta nueva demarcación se vinculará dentro del "partido de Salas de los Infantes".

El liberal Pascual Madoz, en su obra “Diccionario Geográfico-estadístico de España y sus posesiones de ultramar”, que publicara entre 1845 y 1850, dice que nuestras población era una “Villa con ayuntamiento en la provincia, diócesis, audiencia territorial y gobierno civil de Burgos (9 leguas), partido judicial de Belorado.