Municipio

Municipio

Municipio: 
Quintanilla San García
Mancomunidad: 
Las Lomas de Bureba y Oca Tirón.
Zona Turística: 
La Bureba
Partido Judicial: 
Briviesca

Ayuntamiento

Dirección: 
Plaza Mayor, 5 (09271)
Teléfono: 
947 59 26 93
Email: 
quintanillasangarcia@diputaciondeburgos.net

Coorporación Municipal

Alcalde: 
Juan Miguel Busto González (PP)

Datos Geográficos

Superficie: 
46,00 Km2
Distancia a Burgos por carretera: 
53,00 Km
Latitud: 
42.5491870º
Longitud: 
-3.1939220º

Historia

En las cercanías del pueblo actual y dentro del municipio, existe un tramo de calzada romana la Vía de Italia a Hispania, que unía las antiguas localidades autrigonas de Virovesca (Briviesca) con Segisamunculum (Cerezo de Río Tirón), que formaba parte de la calzada que unía Tarraco (Tarragona) con Asturica Augusta (Astorga). También es posible que existiese una zona poblada, en tiempos de la dominación romana en una de las vaguadas, desde donde llega el pequeño río que atraviesa la localidad, afluente del Tirón y llamado en la antigüedad Pecesorios, que procede del pueblo de Bañuelos del que hoy toma su nombre, ya que se han encontrado pequeños restos en algunas ocasiones como monedas, objetos metálicos y restos de cerámicas. Podría tratarse de una zona de granjas, un pequeño campamento para una guarnición que vigilase el paso de la calzada o un pequeño poblado. Según algunos historiadores esta zona ha estado habitada desde antes de la llegada de los romanos.

I. EREMITORIOS ALTOMEDIEVALES

Por los restos arqueológicos encontrados, podemos decir que sus primeros habitantes fueron un grupo de eremitas, que habitaron este valle en la Alta Edad Media. En Quintanilla San García podemos ver gran cantidad de cuevas, algunas de las cuales tiene su origen en los eremitorios de la Alta Edad Media. En 1973 junto a la actual Iglesia de Nª.Sª. de Aliende,apareció una necrópolis de tumbas antropomorfas. Estas sepulturas corresponden a los lugares de enterramiento de los eremitas que habitaban en las cuevas. Los eremitorios se encuentran en las cuestas que rodean el pueblo y su número es crecido, unos 20 ó 30, a éstos hay que sumarles los que han desaparecido, que seguramente sumarían bastantes más. Se distribuyen en cuatro grupos, uno en cada cuesta. La mayoría de las cuevas han tenido un uso agrícola, sufriendo reformas para adaptarlas a su nueva utilidad.

Estos eremitorios tienen cierta relación con los que se encuentran en Cerezo de Río Tirón, y con los Santuarios de San Vitores y Santa Casilda, por su relativa cercanía.También hay que tener en cuenta la proximidad del Camino de Santiago en las tres versiones que por esta comarca (el valle del Tirón) atravesaba la actual provincia burgalesa; lo que en este caso añade una novedad que sin duda hay que tener en cuenta, pues se trata de un elemento más en la primera época de las peregrinaciones jacobeas.

Se trata de cuevas artificiales, se notan incluso las señales de los instrumentos empleados en su construcción. Se hallan excavadas en piedra de yeso, lo que no ha favorecido su conservación. Las bocas de entrada se han agrandado casi siempre por el desgaste y los hundimientos de las partes altas. En muchos casos las cuevas aparecen totalmente hundidas.Algunas veces las cuevas están aisladas, pero en la mayor parte de los casos forman conjuntos y hasta agru­paciones perfectamente ordenadas. La forma interior, sin ser norma general, tiende a ser circular y en algunos casos la excavación tiene planta rectangular sin excesiva regularidad. Las dimensiones varían mucho. De tres a cuatro metros de ancho y largo. En algunas aparecen asientos, labrados en la misma roca, generalmente rotos y mal conservados. Es frecuente que tengan excavada una especie de alacena, o aparador,”poyo de las ofrendas” “altar de poyo” o “poyo de altar” les llaman los entendidos, que era el altar para la celebración. En de la misa (colocación de vasos sagrados) o para colocar imágenes, Se hallan ya en los templos visigóticos y mozárabes (como en San Millán de la Cogolla, en la sierra meridional burga­lesa y en Duratón). Se ha señalado una posible relación con los altares domésticos de los dioses familiares romanos. Existen también concavidades de mayor tamaño, que coronadas por arco en círculo llegan hasta el suelo, dando idea de altares, junto una pequeña bóveda de yeso y una columna excavada en la misma roca.

II. ORÍGENES

La villa de Quintanilla San García, en unión de todos los pueblos que formaban el Alfoz burebano, fue el primer baluarte fuerte que encontraron los sarracenos en su espíritu de conquista. Ya antiguamente, en los siglos anteriores a Jesucristo y en unión de numerosas tribus, lucharon contra la invasión ro­mana, a los cuales mantuvieron en jaque hasta el emperador Augusto. De ahí su espíritu combativo que se mantuvo latente durante tantos años y siglos, siendo el brote de todas las reconquistas españolas. Una vez alejados de sus fronteras los sarracenos, fueron absorbidos por la impe­tuosidad de las conquistas castellano-leonesas, que con su empuje heroico estaban formando la unidad nacional.

Fue una villa amurallada y aún se conservan vestigios de sus antiguas fortificaciones. La etimología de su nombre parece derivarse de la costumbre medieval en que sus habitantes estaban obligados a dar a su señor feudal la quinta parte de sus frutos, de ahí que se llamase Quintanilla.

La villa de Quintanilla San García figura ya en los documentos del siglo XI. Entre las posesiones que Rodrigo Ordóñez, alférez de Alfonso VI, dona al obispo de Burgos, don Gómez, y al Cabildo, figura la de Quintanilla San García, cuando dice: “In Quintanella de Sancio Garciez meam divisam et meos solares tan populatos quam eremos ad omnem integritatem, sicut ego posedi”. Según este testimonio, el pueblo tomó el nombre del Conde Don Sancho García (995-1017), el de los buenos fueros, quien levantó el monasterio de Oña e intentó llevar la frontera castellana hasta el monasterio de San Millán de la Cogolla, como lo pretendió Fernán González con más éxito, ya que aquél no lo consiguió. No obstante el territorio de Quintanilla San García, como el de Cerezo y Belorado, quedaba dentro del área de Castilla, aunque fuera pretendido reiteradas veces por Navarra, aspiraciones que no habían cesado todavía en el siglo XIII y tal vez en el mismo siglo XIV.

Es posible que la población de Quintanilla San García ya existiese en el siglo X, pero es también muy probable que deba su origen al Conde Sancho García, cuyo nombre lleva en los más viejos documentos, ya que el fundador de Oña puso gran empeño en poblar y defender esta tierra ante las ambiciones de los reyes de Navarra sobre estos territorios castellanos. En el cartulario de San Millán de la Cogolla aparece repetidas veces el nombre de Quintanilla sin adiciones ni calificativos de ninguna clase y por eso no es fácil siempre la identificación.

En una donación hecha el 6 de agosto de 1035 se habla de Quintanilla, que bien podría ser de San García; ciertamente se refiere a Quintanilla San García el documento del 1º de marzo de 1058, por el que Gudesteo, presbítero de Loranco, hace donación a San Millán de la Cogolla de varias posesiones sitas, en Loranco y sus término; igualmente se consigna el nombre de Quintanilla San García en una donación hecha, el año 1075, por Galindo Sánchez y su mujer al monasterio de San Millán en el territorio de Grañón, donde habla de un: "terra ad illa Perale, iuxta carrera que vadit ad Quintanilla, alia terra ad illud Cereso iuxta via que vadit ad Granione".

El nombre de Quintanilla San García vuelve a figurar en el año 1087 en una donación hecha por la noble señora Orodulce y su hijo al monasterio de San Millán de la Cogolla, entre cuyas posesiones se encuentran algunas situadas en Quintanilla San García, ya que dice: “...Similiter in villa Quintanella, quae est posita super Vilafarta (Vallarta de Bureba) meos collazos et mea hereditate et mea divisa concedo vobis...”. Hasta el año 1092 no encontramos añadido el calificativo al nombre de Quintanilla, y no es por cierto el de San García, sino el de Sancho García: “in Quintanilla de Sancio Garciez”.Con este mismo nombre le vemos figurar en una donación hecha el año 1100 por Gustios Rodríguez y su mujer Argilo Ordóñez, al decir que concede al obispo de Burgos y a su catedral: “...in primis illam partem quam habemus in villa que vocitatur Quintanella de Sancio Garcez totam ad integrum, sicut nos possidemus...” Con este mismo nombre aparece en el privilegio de Alfonso VIII del 19 de abril del 1179, por el que dona al monasterio de Nájera la villa de Valluér-canes a cambio de Torrecilla de Cameros y que la sitúa puntualmente en la Bureba al decir: "... villam meam que vocatur Valorcanos (Valluércanes), que est in Borova (Bureba)inter Trapianam (Treviana) et Quintanillam de Sancio Garsie et sanctum Emilianum de Eguola de Artable (Altable) totam ex integro, sicut eam habeo vel habere debeam".

De Sancho García creemos que se derivó más tarde el de San García por contracción fácilmente explicable. Ya encontramos tendencia a la contracción en el documento fundacional de 1169 del monasterio de Santa María de Cañas, en la Rioja, la patria de Santo Domingo de Silos, cuando los fundadores don Lope Díaz de Haro y su mujer doña Aldonza dotan el nuevo cenobio cisterciense con heredades en "Quintanilla Sanc Garcia", y esta misma tendencia se manifiesta en la relación de pueblos, mandada hacer por el obispo de Burgos don Aparicio (1246-1257) y el cabildo con motivo de los préstamos o rentas con que debía contribuir cada arcedianato a favor de la mesa episcopal, donde figura como Quintaniella de Sant Garcia. La formación de las lenguas romances en esta época acentuó más la contracción y así vemos que en los documentos castellanos del siglo XIV se escribe ya San García. No negamos que más tarde pudiera influir la prestigiosa figura del abad de Arlanza llamado García, oriundo de Quintanilla, que regentó el cenobio castellano entre los años 1047 y 1073 y que gozó categoría de Santo, pero el culto tributado al abad de San Pedro de Arlanza es muy tardío y no se remonta más allá del año 1620, en que el Papa Paulo V, y a petición del rey Felipe III, permitió el traslado de sus reliquias a la capilla de los mártires, siendo abad del monasterio fray Pelayo de San Benito. A partir de esta fecha es cuando se despierta y crece la devoción a San García, y particularmente entre los vecinos de su patria chica, que mostraron verdaderos deseos de tener alguna reliquia del Santo. Lo solicitaron del abad de Arlanza y obtuvieron la debida autorización del General de la Orden Benedictina, fray Antonio Sarmiento, y del Nuncio de España, Monseñor Alejandro Aldobrandini el 4 de Abril de 1724. A partir de esta fecha el nombre de Quintanilla quedó vinculado estrecha y entrañablemente a la memoria del santo abad, cuyo patronazgo se ha dejado sentir ampliamente, derramando numerosos beneficios sobre el pueblo que le vio nacer. Por glorioso que fuera el patronazgo y sobrenombre del viejo conde castellano, le supera con creces el del Santo abad García porque la virtud y santidad, sobre todo, son las que ennoblecen y hacen grandes a los pueblos.

III. CUATRO IGLESIAS, SEIS ERMITAS Y DOS HOSPITALES

Los pergaminos más antiguos del Archivo Parroquial, correspondientes al siglo XIV, hablan de dos iglesias principales en el pueblo: la de Santa María y la de San Andrés. Pero es posible que el lugar estuviese ya poblado en el siglo X, luego debieron existir otras iglesias más antiguas. Pudiéramos pensar en algunas ermitas visigótica, muy simples, con arcos de herradura y ábsides cuadrados, semejante a algunas de la provincia de Burgos, cuyos vestigios han llegado hasta nosotros, que pudieron ser sustituidas por pequeños templos románicos, abundantes en la zona de la Bureba. En otros documentos posteriores se habla de “otras eglesias del término, como las de San Pedro de Vallartilla, de Santa Maria y San Millán de Pecesorios”. En los estatutos de la Cofradía de la Vera-Cruz (a. 1610), se dice textualmente: "Si acaece pestilencia, sequia, esterilidad u otra necesidad que exija hacer alguna procesión al pueblo, si llaman a la Cofradia sean obligados a ir con túnicas, disciplinándose hasta salir del término, y a la vuelta comenzando antes de que lleguen a la vista del pueblo a las entradas y salidas de los lugares o monasterios o ermitas donde fueren". De algunas de estas ermitas aún quedan ruinas o al menos el nombre en el terreno donde estuvieron construidas, como San Justo, La Magdalena, San Esteban,Santa Marina, San Cristóbal y Nuestra Señora del Amor Hermoso y los hospitales ( con su correspondientes capillas )de San Julián y Nuestra Señora del Pueblo. La iglesia parroquial de San Andrés, de la que hoy solo quedan cuatro paredes en lo alto de un montículo que domina el pueblo, estuvo abierta al culto hasta finales del siglo XVII. Como las iglesias eran lugares de enterramiento, en los Libros de Defunciones se dan bastantes detalles de dicha iglesia: se habla de sus seis arcos, de su coro y órgano, del altar de Santa Ana, del pilar de San Nicolás…

La Parroquia de Santa María es la que existe actualmente con el titulo de Nuestra Señora de Aliende.El origen de este nombre es un tanto curioso. Aparece por primera vez en los libros parroquiales él año 1651. Esta iglesia está construida en una colina, frente por frente con la de San Andrés. El pueblo se extiende a lo largo del valle y un pequeño arroyo que le cruzaba de norte a sur le dividida en dos barrios: “el barrio de Valdezán que pertenece a la iglesia del Señor San Andrés, y a la iglesia de allende de Santa Maria corresponde el barrio Suso". Ya en el año 1648 se la denomina “Santa Maria de Allende” (de la otra parte del arroyo), de ahí pasó, por malentendidos en la escritura, a “Santa Maria de Aliende” y posteriormente a “Nuestra Señora de Aliende”.

Los vecinos de una y otra parroquia tuvieron sus altercados, llegando a enemistarse seriamente, de forma que incluso se les amenazó con la excomunión, si no hacían las paces y se pedían mutuamente perdón en un plazo fijado. Optaron por esta última solución, dando su origen a una gran fiesta: “El Domingo de Perdones”, que aún sigue celebrándose con gran fervor popular en la octava Corpus Christi. De ambas parroquias se formó una sola con sede en la iglesia de Santa María. En el año 1693 se habla ya de“iglesias parroquiales unidas”, aunque la de San Andrés continúe siendo lugar de enterramiento. Ambas iglesias, juntamente con los hospitales de San Julián y Nuestra Señora del pueblo y los conventos de la zona, eran favorecidas por las mandas y legados de fieles y clérigos a la hora de la muerte. Así en un testamento del año 1400 se dice: “mando a sancta Maria e Sanct Andres sendas medias fanegas de trigo e a las otras eglesias del termino sendos celemines de trigo". Y en otro de 1648 se puede leer: “mando a la iglesia de Nuestra Señora una fanega de trigo, a la de San Andrés media fanega, al convento de San Victor (San Vitores) tres celemines, al de san Francisco de Belorado un celemin, a los hospitales de esta villa: al de San Julián un linçuelo, al de Nuestra Señora una manta”. En cuanto al número de clérigos que atendía la cura de almas y principalmente el culto era crecido, por una relación que encontramos en la Bula de Sixto IV del 4 de agosto de 1474, con ocasión de dar posesión de un beneficio simple en la iglesia de Santa María de Pecesorios a Pedro Sánchez de Briviesca, clérigo de Burgos y familiar o comensal del Papa, vemos que el número de clérigos en la parroquia de Santa María de Quintanilla San García se elevaba hasta 11 cuyos nombres eran Johannes Gundisalvi, Alfonsus Sancil, Michael Petri, Joannes Garsie, Joannes Sancil, Martinus Martini, Alfonsus Locano, Lupus Martini, Joannes Martini, Joannes Alfonsi y Pedtrus Sancil; si sumamos a esta cifra los clérigos de la iglesia de San Andrés que fácilmente no bajarían de seis y alguno más que podría contarse al servicio de otras iglesias de que hablan los documentos, fácilmente podemos deducir que el número de clérigos no bajaría de veinte aproximadamente.

IV. LITIGIO DE LOS CLÉRIGOS DE QUINTANILLA CON LOS RECAUDADORES DEL REY.

Por abundantes que fueran las rentas y el patrimonio eclesiástico, la vida de los clérigos había de ser económicamente angustiosa y poco desahogada. Lo apuntan algunos documentos, y cuando el año 1400 el obispo de Burgos, Don Juan de Villacreces, incorpora la iglesia de Santa María de Quintanilla San García, aduce como razones, primero, la falta de clérigos nativos en Pecesorios y segundo, que los "clérigos de Quintanilla San García, que es en el Arciprestargo de Cereso, son tan pobres e de pequeña renta que se non pueden mantener a menos de otras eglesias e rentas dellas". La base económica de los clérigos se centraba en las rentas de las posesiones de la iglesia y en las subvenciones y mandas de los fieles, que aparecen particularmente en las cláusulas testamentarias. Así vemos que Don Diego Pérez Martínez, clérigo de Quintanilla San García, manda a “Santa María e a San Andrés sendas medias fanegas de trigo y a las otras eglesias del término sendos celemines de trigo”, y en el testamento otorgado el 12 de Abril de 1436 por Doña Juana, hija de Martín López, vecina de Quintanilla San García, deja “un añal a los clérigos de Santa María de Quintanilla, diez cuartos de carnero y dos cántaras de vino para misa conventual, cantada el día del entierro, 400 maravedises para dos treintenarios”. Téngase además presente que el fruto de las rentas eclesiásticas sufría descuentos considerables por los tributos que habían de pagar al rey, al obispo, a la misma catedral, aparte del sostenimiento del hospital que no solía faltar en los pueblos. Siendo estas rentas la principal fuente de ingresos, no es de ex­trañar que defiendan con todo interés sus bienes y posesiones tanto muebles como inmuebles, que conservan bien inventariados y hasta se procuren privilegios y exenciones. La documentación que tene­mos a la vista nos dice que los clérigos de Quintanilla San García habían logrado exención de pagar las dos tercias partes sobre los diezmos de los frutos menudos, como eran la avena, legumbres etc. Con ocasión de la reconquista, los monarcas españoles solicita­ron repetidas veces y obtuvieron de los Papas facultad para dispo­ner de las tercias episcopales por un tiempo determinado y a fa­vor siempre de la cruzada contra el moro. Al exigirlo de los clérigos de Quintanilla San García, éstos se negaron alegando costumbre inmemorial a su favor; como insis­tiera el colector de rentas reales, que era don García Rodríguez pri­mero y don García Ruiz de Sotoscueva después, ambos canónigos de Burgos, se originó un largo pleito entre los mencionados colec­tores y los clérigos de Quintanilla San García. Con tal motivo se conserva un Interesante rollo en pergamino que tiene más de 2 mts de largo por 270 mm. de ancho, en el que se recogen numerosas declaraciones de testigos, principalmen­te clérigos de las iglesias de Cerezo, de San Pedro de Valluércanes, de San Millán de Pecesorios, de Loranco y Zuñeda, quienes coin­cidieron en manifestar que los clérigos de Santa María de Quinta­nilla San García acostumbraban a cobrar las dos terceras partes sobre los productos menudos, que pertenecen a la fábrica de la igle­sia, y esto desde tiempo inmemorial. Hubo una segunda apelación y los clérigos de Quintanilla acudie­ron a Roma, el Papa Juan XXII nombró juez de la causa a don Juan González, abad de Cervatos, que dictó nuevamente sentencia favorable a los clérigos de Quintanilla San García. Unos años más tarde, el 25 de agosto de 1327, el rey Alfonso XI reconocía esta exención a los clérigos de Quintanilla y otorgaba con tal motivo un gran privilegio expedido en Sevilla. A pesar de tomar todas estas precauciones todavía hubo recla­maciones por parte de los colectores reales, y fue nuevamente ne­cesario recurrir a Roma. El Papa Clemente VI, por bula del 30 de enero de 1344, mandó al abad de Cervatos hacer cumplir la senten­cia dictada por los vicarios del obispo de Burgos a favor de los clérigos de Quintanilla San García. Una nueva sentencia a favor de los clérigos de Quintanilla hubo de dar don Juan Martínez, prior de la colegiata de Briviesca el 26 de abril de 1448. La tercera parte de los bienes eclesiásticos, como queda dicho, se destinaba a la fábrica de las iglesias y cuando por concesión pontificia se otorgaba esta tercia a los monarcas españoles, no lo era íntegramente, sino solamente los dos tercios; el otro tercio era intangible, y se venía destinando, hacía ya mucho tiempo, a favor de la fábrica de la Catedral de Burgos; de este tercio tampoco estaban exentos los clérigos de Quintanilla San García, quienes todos los años debían pagarlo como los demás clérigos de la diócesis. Esto nos revela un dato interesante, y es que la catedral de Burgos centró la atención de los clérigos y fieles de la diócesis, se construyó con la ayuda y colaboración de todas las iglesias de la diócesis; todas se sentían solidarias. Los impuestos y otros aspectos de la vida política, social y local obligaban al clero y municipio a frecuentes reuniones concejales que tenían “en la cámera del concejo de dicho logar, que es cerca de la eglesia de San Andrés del dicho logar de Quintanilla a campan­na tennida, según que lo habemos por uso y costumbre”.Con tal motivo se expedían cartas de compromiso, sentencias arbitra­les y concordias o avenencias del más alto interés para el estudio y conocimiento de la vida municipal y de las relaciones existentes entre Quintanilla San García y los pueblos vecinos de Briviesca, Grisaleña, Loranquillo, Vallartilla y Valluércanes. Se conservan unos Estatutos de principios del siglo XVI por los que se regía el Cabildo, formado por seis beneficiados que atendían la Parroquia de Santa María y la iglesia de San Andrés de Quintanilla San García. En ellos se especifican los derechos y deberes de esta comunidad de clérigos.

V. HAZAÑA HERÓICA

Hay un hecho glorioso para los anales e historia del pueblo de Quintanilla San García: la heroica defensa que hicieron de la villa todos sus vecinos ante las pretensiones del rey Juan I de Navarra (1425-1479) de apoderarse de la citada villa. Las apetencias y am­biciones de los monarcas navarros sobre el nordeste de la provincia de Burgos eran muy viejas, y Sancho el Mayor (1000-1035) había logrado plenamente sus objetivos, al apoderarse de Castilla la Vie­ja y anexionarse incluso las ciudades de León y Astorga. El primer monarca castellano, Fernando I el Grande (1037-1065), lo­gró recuperar y agrandar los antiguos territorios del condado de Castilla a la muerte de su padre Sancho el Mayor (1035), pero su hermano García, el heredero del reino Navarra, formuló pronto sus pretensiones sobre los territorios de Castilla la Vieja. El pleito fue resuelto en la batalla de Atapuerca (1054), donde perdió la vida el monarca navarro y donde se afianzó la prepon­derancia de Castilla frente a Navarra de una manera definitiva. No por eso abandonó Navarra sus pretensiones sobre estos territorios castellanos. En el siglo XV, cuando Alfonso de Cartagena, obis­po de Burgos, identifica a Castilla con la totalidad de España en sus "Laudes Hispaniae", ya no había lugar a reivindicaciones de estos territorios. Las luchas, por parte de Navarra, obedecían a contiendas de familia y en ellas entraba en juego el gobierno in­terior de Castilla más que la extensión de las fronteras navarras. Efectivamente, don Juan I de Navarra intentaba derribar la privanza de don Álvaro de Luna para apoderarse del monarca castellano, Juan II, cosa que logró el año 1441 gobernando por algún tiempo este reino. Fue precisamente en Burgos donde el príncipe de Asturias alzó bandera de rebelión, exigiendo la libertad del rey castellano, y es en esta coyuntura histórica, cuando tiene lugar la gesta heroica de la villa de Quintanilla San García. El monarca navarro no se resignaba a dejar el control del gobierno castellano; declarada la guerra contra su persona más que contra su reino, Juan I de Navarra vino en plan de guerra a Quintanilla San García, exigiendo la entrega del pueblo con su fortaleza, que estaba junto a la Iglesia destruida de San Andrés. Los vecinos de Quintanilla respondieron que jamás lo harían, porque tal proceder implicaba traición al rey de Castilla, a quien habían jurado fidelidad; le hicieron ver que tuviera piedad de ellos, porque no tenían Señor que les defendiese; pero si el monarca navarro se obstinaba en apoderarse del pueblo y fortaleza, le hacían saber que antes estaban dispuestos a morir todos y a ver quemado su pueblo que ser traidores al rey de Castilla. Ante esta respuesta numantina, el rey de Navarra ordenó el cerco con 1000 hombres armados y 2000 infantes que, tras duro combate, se apoderaron del pueblo y llegaron hasta las puertas del cortijo o fortaleza, pero aquí la resistencia fue tenaz y constante, el número de muertos era crecido y más en los de fuera que en los de dentro; a las puertas mismas de la fortaleza cayó un caballero que, alistado en el ejército del rey de Navarra, se había comprometido a entrar en la fortaleza y a quien el monarca navarro había prometido la elevada suma de 300.000 maravedises si lograba su objetivo. “Ayudados por el apóstol San Andrés, cuya casa defendían” (Texto del relato).

Después de un prolongado asedio y forcejeo, Juan I de Navarra, se convenció de que aquel cerco le estaba costando mucha sangre, eran pocas las probabilidades de éxito y menos las ventajas que su posesión le podía acarrear. Pensados los pros y los contras optó por levantar el cerco y retirarse, pero contrariado amargamente por no haber podido entrar en la fortaleza mandó quemar el pueblo, ardiendo sesenta y tres de sus casas, quedando así reducida la villa a cenizas en su casi totalidad. Los defensores de la fortaleza de Quintanilla no eran mas que setenta, número insignificante ante los 3000 sitiadores y asaltantes del monarca navarro; por eso no pueden menos reconocer agradecidos que la resonante victoria ha sido debida al auxilio, protección y poder de Dios. Asimismo reconocen la ayuda dispensada por el apóstol San Andrés, "cuya casa defendían" y por San Vitores, cuya fiesta coincidió con la victoria, que fue el día 26 de agosto de 1444. Los heroicos defensores y vecinos todos de Quintanilla San García rindieron el merecido homenaje de acción de gracias al Altísimo por tan revelante victoria, y agradecidos deben sentirse los historiadores, habitantes y nativos todos del pueblo de Quintanilla San García, que pueden hoy tener noticia de una de las gestas más gloriosas de su pueblo, gracias a la constancia que nos dejó de ello uno de sus testigos presenciales, probablemente un clérigo de los que convivieron los días trágicos del asedio. El relato de la citada victoria fue mandado transcribir en azulejos y colocar, como recuerdo perenne, en uno de los muros interiores de la iglesia por el Rvdo. Don Melecio Sierra, sacerdote hijo del pueblo.

Quintanilla San García

Localización

Ubicación: 
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Monumentos

Entre los monumentos y lugares de interés de la localidad de Quintanilla San García destacan:

  • Iglesia de Nuestra Señora de Aliende: en la antigüedad se llamó parroquia de Santa María. El origen de este nombre es un tanto curioso. Aparece por primera vez en los libros parroquiales del año 1651. Esta iglesia está construida en una colina, frente por frente con la colina de San Andrés. (Img. 1,2,3).
  • Monumento al Olmo: (Img. 4).
  • Monumento al Tractor: erigido por el Ayuntamiento y organización juvenil de Quintanilla San García, con la colaboración de Motor Ibérica y  Palacios auto-agrícola (07-06-1980). (Img. 5,6).
Quintanilla San García

Gastronomía

Entre la gastronomía de la localidad de Quintanilla San García destacan principalmente los productos más típicos de la provincia burgalesa, como son la morcilla de Burgos, el queso fresco y el lechazo.

Empresas

LA POSADA DEL OBISPO

Municipio de la Empresa: 
Quintanilla San García
Dirección: 
Calle SANTA MARIA 9
Código Postal: 
9271
Código Epígrafe: 
1685
Actividad: 
ALOJAMIENTOS TURIST. EXTRAHOTELEROS

SAEZ LOPEZ MANUEL Y TORRECILLA CALLE HEL

Municipio de la Empresa: 
Quintanilla San García
Dirección: 
-
Código Postal: 
9271
Código Epígrafe: 
15011
Actividad: 
CONST.REPARACION,CONSERV.EDIFICACI.